miércoles, 6 de enero de 2010

Largo Camino después de Copenhague.



Daniel Merchán M.

Luego de haber vivido las intensas jornadas de Negociación en Copenhague producto del reto global para derrotar al tan temido cambio climático, las conclusiones de la publicitada reunión no dieron precisamente en el punto exacto para colmar las expectativas que sobre ella se habían generado, es decir luego de Copenhague y todo lo que significó, aun quedan muchos caminos por recorrer.

A pesar de las enormes presiones, las grandes esperanzas y los esfuerzos de último minuto de gobernantes de 128 países, todo concluyó en un vago texto titulado Acuerdo de Copenhague. La promesa de “sellar un pacto” climático fue pospuesta al menos un año más. Los insuficientes compromisos de algunos países, y las posiciones de algunas potencias emergentes resultaron irreconciliables. A partir de ahora, todos los esfuerzos que se emprendan para detener el avance del cambio climático tendrán un carácter dramático porque el tiempo ha culminado.



De hecho, el acuerdo más relevante, Es el texto que afirma que los países industrializados deberán aportar anualmente 72.000 millones de euros a partir del año 2020 en ayudas para que los países más desfavorecidos puedan prepararse para el cambio climático. Se empezaría en el 2010 por una cantidad menor y se iría subiendo progresivamente, aunque no se establece un reparto de cuotas. A corto plazo, en el periodo 2010-2012, serán 21.000 millones de euros. La UE se había comprometido a poner 7.300 millones; Japón, otros 7.700, y Estados Unidos anunció 2.500 más. El texto no especifica ni quién aportará los fondos que faltan ni quién los recibirá.



Desde los aspectos formales del resultado principal de la Cumbre hasta los contenidos, se quedan muy por debajo de las expectativas y de las necesidades de la lucha contra el cambio climático establecidas por la ciencia. La COP únicamente “toma nota” del texto presentado, que: no incluye compromisos concretos y cuantificables de reducción de emisiones para los países industrializados, ni conjuntos ni individuales, ni en el horizonte de 2020 ni en 2050; no existe garantía de que la financiación de los países del Norte a los del Sur sea adicional a los compromisos de Ayuda Oficial al Desarrollo; y deja el trabajo para más adelante a pesar de que los presentes en esta ocasión eran quienes se supone toman las decisiones en el mundo.



También ha quedado claro que el objetivo de lucha contra el cambio climático es seguramente el primer desafío que afecta a toda la humanidad, y que por tanto requiere la acción conjunta y el entendimiento entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo. Ha quedado también patente un nuevo reparto de poder en el escenario internacional, en el que Europa ha mostrado su ambigua irrelevancia como actor internacional mientras EE.UU. habla con China de igual a igual. Un nuevo mapa geopolítico en el que el gigante asiático, verdadera nueva potencia mundial, lidera el grupo de potencias emergentes formado por India, Rusia y Brasil.



Las conversaciones internacionales para poner coto al cambio climático se iniciaron en 1994, por lo que un año más de discusiones podría parecer intrascendente, pero no es así. En diciembre del 2007, en la cumbre de Bali, los países del mundo acordaron una «hoja de ruta climática» que debía concluir en Copenhague con un tratado ambicioso para reducir las emisiones. La ciudad de Copenhague se convirtió en el símbolo del cambio hacia una sociedad menos dependiente de los combustibles fósiles, Se hablaba de una nueva revolución verde. Pero las aspiraciones se han postergado de nuevo, así que no queda otra vía sino seguir trabajando para colocar en el futuro cercano de este nuevo año las esperanzas renovadas y la voluntad anhelada en el fin de conseguir los verdaderos acuerdos globales para poner fin a este caótico problema, y que quizás encuentren el escenario clave en la cumbre de México 2010 relativa especialmente al cambio climático.

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